El pozo de Tooru

"Which is why I'm writing this book. To think. To understand. It just happens to be the way I'm made. I have to write things down to feel I fully comprehend them."

Y los meses pasan a la velocidad de la luz

Este primer cuatrimestre ha tocado a su fin. Han sido meses de mucho trabajo y, sobre todo, de mucho Martín, que a su madre y a mí nos tiene totalmente embobados.

Aunque sólo tiene cinco meses y tres días, está muy mayor, se ríe mucho y cada vez que ríe a su madre y a mí se nos cae la baba. Sí, puede resultar ñoño todo esto, lo sé, pero cuando uno es padre os aseguro que ya no lo es, creedme.

Las horas del día no me dan para todo lo que tengo que hacer, por eso ya casi tengo abandonado este blog, ¡con lo que a mí me relaja y me gusta escribir por aquí de vez en cuando! Ahora se avecinan meses de ajetreo, pues a las dos asignaturas que llevo durante el segundo cuatrimestre se le han sumado unas clases en un curso de Máster y mi firme intención de volcarme en mi investigación de nuevo, que está prácticamente abandonada desde que me incorporé a la Universidad de Jaén.

Mi día a día es un poco monótono, pues nos mudamos al nuevo campus en septiembre y todavía no tiene contrata para la cafetería, con lo que apenas tengo la oportunidad de charlar con nadie durante la semana…bueno, aunque bien pensado, si hubiera cafetería me faltaría tiempo para visitarla.

Inma y yo a menudo hablamos de las cosas que echamos de menos de Madrid y Praga. Sí, fueron tiempos duros, especialmente los de Praga, pero también estuvieron trufados de momentos y experiencias muy bonitas. Esta misma semana le comentaba a Inma que recordaba el parque de Letná, un parque alargado que llega casi hasta el Castillo de Praga y que transcurre paralelo al río; yo solía (bueno, quizá ‘soler’ sea un poco pretencioso…) salir a correr por allí cuando ya se hacía de noche y disfrutaba de unas de las vistas más espectaculares de la ciudad: iluminada, con el río cruzado por sus puentes y las torres de la Ciudad Vieja asomando entre los edificios.  Si todo va bien, ya tenemos pensado hacernos una escapada a Berlín, Praga y Viena dentro de un par de años, cuando Martín sea más grande y nuestra economía se haya recuperado un poco. Pero por el momento toca volver a la realidad, rematar los exámenes de enero y preparar las clases que comienzan la semana que viene. Poquito a poco.

Últimamente estoy recordando a Coldplay cuando hacían grandes temas.

Martín ya tiene un mes

Sí, Martín ya tiene un mes, el 16 de agosto nos cambió la vida para siempre a Inma y a mí y, a pesar de lo complicadas que están siendo estas primeras semanas, la sonrisa no se nos borra de la boca.
El lunes que viene nos instalaremos definitivamente en Linares y trataremos de llevar una cierta rutina en nuestra nueva casa, la que Martín nos deje. En un mes hemos tenido que hacer un curso acelerado en preparación de biberones, cambio de pañales y muchas otras cosas más; sé que es lo de siempre, pero de verdad que no me imaginaba que la llegada de un hijo pusiera todo tan patas arriba.
Martín es regordete. Martín es muy despierto. Martín tiene unos pulmones con una potencia que asusta. Cuando Martín tiene hambre, el mundo se para; es como su padre. Martín es mi hijo y es el niño más bonito del mundo.

Martín

De buen humor

Ahora nos quedan por delante unas semanas tensas. Hemos comprado un piso (¡y yo que creía que no llegaría el momento!) y esta semana empiezan las reformas, con las consiguientes preocupaciones que eso trae. Por lo menos las clases terminaron hace unos días y mi vida en la universidad es un poco más tranquila, así que puedo retomar mi investigación, abandonada desde que llegué a Linares.

En general, y salvo algunos detalles que han complicado la compra del piso, están siendo semanas de buenas noticias y de alegre espera de nuestro bebé, a pesar de que la pobre Inma está sufriendo más de lo previsto con estos calores.

Pero la noticia que más me ha alegrado últimamente me la ha dado mi amigo Oli, que después de año y medio en el paro, ha encontrado trabajo. ¡Estas cosas le alegran a uno el día!

David (150 palabras: ventanilla, bolsa, collar)

David abrió los ojos y, con un esfuerzo sobrehumano, consiguió vislumbrar a través de la ventanilla los altos edificios de la Castellana, que debía de ser una señora muy importante, porque le habían dedicado una avenida muy ancha que no terminaba nunca.
Delante de él podía ver la silueta de sus padres, él con su barba canosa y sus gafas de pasta, ella con sus pendientes y su collar a juego; en la radio sonaban las señales horarias interrumpiendo una machacona canción que no paraba de sonar en todas partes.
Alargó la mano y abrió la bolsa de dulces que papá le había comprado después de salir de casa de su abuela en el pequeño kiosko de la esquina.
Terminaba el fin de semana y después de dar buena cuenta de la fresita de gominola, David cerró de nuevo los ojos y decidió que era un buen momento para echar otra cabezadita.

Corrigiendo exámenes

Hace tres meses que me incorporé como profesor a la Universidad de Jaén, en Linares. Han sido unas semanas muy intensas, con mucho más trabajo del que imaginaba. Ahora toca rematar el curso preparando y corrigiendo exámenes (tareas que llevan más tiempo del que creía) y retomando mi labor investigadora, que ha estado parada este tiempo.

La vida en Linares está bien, es una ciudad pequeña en la que se echan algunas cosas de menos, pero no muchas. Esta nueva vida tiene muchas ventajas, en especial tardar 10 minutos a pie en llegar a la universidad… ¡eso no tiene precio! También está bien que ir de tapas sea una nueva y barata forma de cenar y que el coche no sea necesario más que para ir los fines de semanas a Bujalance.

Por lo demás, ya tenemos piso; la semana pasada firmamos la escritura y probablemente la semana que viene comencemos con una pequeña reforma antes de mudarnos a él. Estos primeros meses serán de vivir bajo mínimos hasta que recuperemos un poco el colchón económico que hemos dejado temblando, pero estamos muy ilusionados. Después de vivir de alquiler durante tanto tiempo, es una gozada pensar que uno ya va a instalarse en su propia casa.

Inma ya tiene una buena barriga, afrontamos así el último trimestre de embarazo antes de recibir a Martín. Los abuelos ya se están empezando a volver locos con la llegada del nieto… pero a los padres no nos gana nadie.

Mientras tanto esta tarde seguiré corrigiendo exámenes.

Y de vuelta en Praga

Pues sí, debería haber estado en California tres meses pero al final solo he rozado el primero de ellos, sin completarlo. Es una lástima no haber podido cerrar mi estancia allí como me hubiera gustado, pero las cosas son como son y, en este caso, el motivo lo merece. Estos días me toca cerrar asuntos aquí en Praga y firmar el final de mi contrato con la universidad porque la semana que viene me incorporo a la Universidad de Jaén.

Estoy muy ilusionado con esta nueva etapa, estoy convencido de que va a ser el comienzo de un periodo muy fructífero de mi vida profesional. Voy con muchas energías y con ganas de dar lo mejor de mí mismo para hacer un buen papel allí, intentar aprender a ser un buen profesor y desarrollar una labor investigadora de calidad.

¡Qué ganas tenía de volver a España, por Dios!

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La maldita diferencia horaria

Esto de vivir con nueve horas de antelación con respecto a las personas que me importan es una lata. Por suerte, hoy en día es más fácil que nunca estar en contacto con familiares y amigos, Whatsapp y el bendito Skype le salvan a uno el trasero, pero parte de estas ventajas se las lleva a tomar viento la dichosa diferencia horaria.Cuando regreso del trabajo ya está todo el mundo durmiendo y justo cuando me voy a dormir a todos les suena el despertador en España; resultado: es casi imposible mantener el hilo de las conversaciones de Whatsapp o charlar por Skype a una hora razonable para todos.

Además, estos días estoy particularmente pendiente del teléfono y debo dejarlo encendido mientras duermo, por si acaso recibo una llamada o un correo importante. Todo esto me ha llevado a dormir poco y mal durante estas dos últimas semanas…

Por si fuera poco, iluso de mí, creía que podría encontrar en la radio un buen aliado en mis horas muertas, ¡craso error!, cuando me dispongo a escuchar la radio por la tarde, me encuentro con programas de madrugada e incluso con la reposición de El Larguero. Sí, la reposición, porque he descubierto que tres horas después de la retransmisión en directo, vuelven a repetir el programa, sobre las cuatro de la madrugada españolas, aproximadamente.

Por cierto, hoy acabo de descubrir un grupo llamado Mäbu, que suena de maravilla. Después he averiguado que son de Bilbao y que la cantante es la hija de Sergio y Estíbaliz, de hecho el nombre del grupo es un acrónimo de su propio nombre, María Blanco Uranga. Se nota que a la muchacha el arte le viene de familia, porque canta de maravilla.

Algunas reflexiones sueltas

Desde que terminé mis vacaciones de Navidad y salí de España hacia Praga, hace ya más de un mes, han pasado muchas cosas alrededor, muchas emociones, incertidumbres y nervios, que a mí me invitan a comer sin control, prueba de ello la da mi hinchada talla de pantalón… Pero todo se está resolviendo extraordinariamente bien, y como dice mi padre en estos casos, el miedo que tengo es a que la buena racha termine y llegue una mala. Es fácil acostumbrarse a lo bueno, y aunque durante un tiempo pensé que no terminaba de llegar nunca, ahora todo viene de golpe; cruzo los dedos porque cuando la buena racha termine sepa aceptarlo con deportividad.

Hoy ha sido el primer fin de semana en mucho tiempo sin grandes preocupaciones en la cabeza y lo he agradecido mucho. He hecho algo de turismo por el downtown de Los Ángeles y he visitado brevemente el barrio de Hollywood. Todo aquí me impresiona por lo diferente que es a Europa y por las gentes tan peculiares que uno se encuentra por las calles (peculiares para mí, claro). Se me hace raro, muy raro, hacer turismo yo solo, ya me he acostumbrado a hacerlo con Inma al lado; sé que le encantaría ver todo esto y que juntos lo disfrutaríamos mucho más. Quizá podamos volver aquí los dos dentro de no mucho tiempo, quién sabe.

Hollywood Blvd.

Y mientras me evado con la ayuda de la radio en streaming y de Spotify:

Pasadena: algunas fotos

Hoy por fin me he llevado la cámara de paseo y, en mi vuelta a casa he aprovechado a sacar algunas fotos para que veáis cómo es todo esto.

CALTECH: EL CAMPUS

Creo que no mentía cuando decía que el campus es una maravilla, a veces parece que estuvieras en un resort de vacaciones, ¿o no?

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Ah, y el edificio donde yo trabajo, el Keith Spalding:

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(en el campus todos los edificios, bien sean auditorios, laboratorios o lo que sea, llevan algún nombre, no tengo claro si estos nombres son de científicos o de personas que han contribuido a construir el campus)

CALTECH: LOS ALREDEDORES DEL CAMPUS

Las calles que rodean el campus están plagadas de casas muy cuidadas y especialmente bonitas, además hay algunos rincones donde practicar deporte:

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EL CAMINO DE REGRESO A CASA

De camino al estudio he sacado unas cuantas fotos para que veáis cómo es todo esto. Veréis que todo son casas bajas, las clásicas unifamiliares que tantas veces hemos visto en las películas. Unas son más bonitas que otras, pero no hay ninguna que tenga mala pinta, la verdad. En el trayecto también cruzo una autopista que debe de ser una de las arterias principales de esta zona y algunas calles más anchas donde se encuentran negocios varios, pero siempre con construcciones bajas.

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Pasadena: primeras impresiones

Bien, llevo aquí ya tres días y aunque aún no he podido visitar en condiciones el barrio, sí tengo una primera visión de todo esto… quizá cambie con el paso de los días.

Vivo en Pasadena, en North Mentor Ave. y por aquí todo lo que hay son casas muy al estilo de las películas americanas, con su jardín frontal y su patio trasero, todas de madera y bonitas (unas más que otras, claro está). El ambiente que se respira es muy relajado, salvo Lake Ave. que es una calle muy transitada, el resto es sumamente apacible. Todo el vecindario se compone de casas unifamiliares y algunos negocios salpicados aquí y allá, salvo en Lake Ave. que está prácticamente repleto de negocios: restaurantes de comida rápida, tiendas de ultramarinos, lavanderías, tiendas de repuestos para el automóvil… Pero todos estos negocios siguen la misma idea que las casas unifamiliares: edificios de una sola planta (excepcionalmente dos) con su parking correspondiente. Y es que sí, aquí el rey es el coche, todo es muy cómodo si tienes coche: tienes donde aparcar, las avenidas son amplias y cómodas… eso sí, si eres peatón, como todo está tan disperso, te tiras un tiempo precioso haciendo cualquier recado. Afortunadamente, los dueños del estudio donde me alojo me prestan una bicicleta, que aunque es vieja y funciona regular, me está salvando de andar unos cuantos kilómetros todos los días.

En cuanto al campus universitario de Caltech, me pilla a unos 10 ó 15 minutos en bicicleta, un trayecto muy agradable por las mañanas. El campus es una maravilla, y ya está; es un verdadero paraíso para quienes trabajan o estudian aquí. Si os pica la curiosidad y echáis un vistazo al mapa, veréis que el campus está prácticamente todo él encerrado en un rectángulo entre las calles Del Mar Blvd., Wilson Ave., California Blvd. y Hill Ave., dentro de ese rectángulo la vida es paz y tranquilidad y edificios preciosos rodeados de jardines y césped. Alrededor de dicho rectángulo lo que encuentras son casas como las de mi barrio, con su jardín frontal y demás, pero de mucho más nivel, son pequeñas mansiones la mayoría. Las calles que rodean el campus están muy transitadas, pero nada demasiado exagerado.

Mi departamento, de Ingeniería Civil y Mecánica, está en el edificio Keith Spalding, que está en la esquina de las calles California Blvd. y Wilson Ave. (en el mapa viene como Spitzer Science Center, que también está en dicho edificio). Ayer tuve la primera reunión con mi supervisor aquí y estoy empezando a trabajar en una propuesta que, de salir adelante, ocupará mi tiempo durante los próximos meses.

Y no hay mucho más que contar por aquí, salvo que el tiempo es primaveral (y casi veraniego según las horas del día) y luce el sol que da gusto. Ya iré colgando alguna foto para que veáis cómo es todo esto.

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