El pozo de Tooru

"Which is why I'm writing this book. To think. To understand. It just happens to be the way I'm made. I have to write things down to feel I fully comprehend them."

Un poco harto

¿No causa hartazgo tanta noticia sobre Cataluña? Sí, sé que es un tema importante, pero me tiene frito, de verdad. A ver si se acaba pronto la historia y podemos volver a respirar tranquilos. Estas semanas me he acordado mucho de una frase magnífica de Bunbury en su fabulosa canción ‘El extranjero’, de 1999 (casi 20 años ya, ¡por dios, cómo pasa el tiempo!):

Los nacionalismos, ¡qué miedo me dan!

También me ha encantado una frase de Wyoming en El Intermedio de hoy. Despueś de poner imágenes de Vargas Llosa hablando en Barcelona en la que se dirigía a la enorme cantidad de gente reunida, portando banderas y gritando eslóganes patrióticos, diciendo que los nacionalismos sólo habían traído guerras a Europa y al mundo, va Wyoming y suelta algo como “Vargas Llosa es un tipo muy valiente, hay que tener narices para criticar los nacionalismos delante de miles y miles de individuos portando banderas” Lo dicho, los nacionalismos, sean los que sean… ¡qué miedo me dan!

Estos días estoy comenzando con It, de Stephen King, digo comenzando porque va para largo… Me está gustando mucho y, por el momento, me tiene más intrigado que aterrorizado. Desde luego ese señor tiene una mente increíble y retorcida, ¡la de historias macabras que se le han ocurrido y lo bien que las sabe contar!

También hoy he dado con un artículo que acaba de publicar Pérez Reverte, además de estar de acuerdo en muchas cosas de las que dice, tiene alguna frase que me ha hecho reír, como esa de :

“Nada hay más tranquilizador que la estupidez compartida, global, en un mundo donde, ya desde la más remota antigüedad –y ahí seguimos–, juntas a un fanático o un malvado con 1.000 tontos y, matemáticamente, obtienes 1.001 hijos de la gran puta.”

Cambiando de tercio, yo siempre he trabajado con música, incluso cuando estudiaba en la universidad. Siempre he leído que para estudiar uno tiene que tener un entorno luminoso, limpio, ordenado y silencioso… bueno, a mí esa fórmula está claro que no me funciona. En mi época universitaria creo que no cumplía ninguna de las cuatro, ahora lo de luminoso empieza a serme necesario… serán los años. Pero bueno, a lo que iba, estos días estoy en pleno proceso de escritura de varias cosas; artículos, informes, comunicaciones… Por ello estoy escuchando música a todas horas, no concibo hacer algo así sin tener música de fondo. A todo esto, soy un enamorado de las versiones, me encanta descubrir canciones versionadas de las maneras más diversas, así que de vez en cuando me da por indagar en Spotify y ver con qué me encuentro. Hace un par de semanas di con una canción que me alucinó. La cantaba Ryan Adams y sonaba preciosa. Estuve varios días poniéndomela una y otra vez hasta que me picó la curiosidad y busqué de quién era la canción original… Taylor Swift, flipé. Ambas versiones no tienen absolutamente nada que ver, parecen otro mundo, donde Taylor Swift interpreta una canción pop pegadiza y resultona, Ryan Adams se marca un tema intimista y muy hermoso. Lo curioso es que indagando más, me he enterado de que Ryan Adams incluyó este tema en un álbum que era un experimento bastante alucinante: el tipo realizó un álbum de versiones canción a canción del álbum completo 1989 de Taylor Swift.

Aquí la versión de Ryan Adams:

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Update (Septiembre de 2017)

(Lo que sigue es un montón de ideas sin ningún orden: desde que comencé el blog hace ya un montón de años, lo concebí, entre otras cosas, como un lugar donde volcar las ideas y preocupaciones que pasaban por mi cabeza, sin necesidad de que fueran interesantes para nadie más… Una vez mi amigo Carlos me recomendó escribir en un determinado momento complicado de mi vida, me dijo que me ayudaría y sí, creo que escribir ayuda y, sobre todo, es una ocasión estupenda para ordenar las ideas. Lo que quería con todo esto es advertir del texto caótico que vendrá más abajo.)

Estamos terminando Septiembre y las semanas vuelan. Esta semana estoy de Rodríguez en Linares; Inma y Martín se quedan en Bujalance y aprovecharé a trabajar un poco más de lo normal en previsión de la baja por paternidad que cogeré a principios de Noviembre. Sí, aún no tiene nombre pero, efectivamente, dentro de poco más de un mes todo volverá a estar patas arriba por la llegada de un hermanito para Martín.

Por otra parte, está siendo un comienzo de curso relativamente tranquilo, sólo impartir una asignatura y ser ya el tercer año en hacerlo hace que las cosas vayan más fluidas. De hecho, la investigación va viento en popa: dos artículos enviados, a la espera de la respuesta de los revisores, y uno que comienzo a escribir mañana mismo. El artículo en cuestión es el del modelo que me ha tenido frito algo más de año y medio, pero estoy muy satisfecho con el resultado. Creo que es el trabajo del que más orgulloso estoy desde que empecé el doctorado.

Cambiando de tema, este verano retomé con ganas mi afición por la lectura, desempolvé mi Kindle y empecé a darle cera. Comencé las vacaciones leyendo “Matar a un ruiseñor” y no me decepcionó en absoluto, es una novela muy recomendable con una historia muy curiosa detrás. La escribió Harper Lee, una periodista (curiosamente, estuvo relacionada con Truman Capote, de quien era amiga y con quien colaboró en parte de su investigación para el fabuloso libro “A sangre fría”) que escribió esta novela en 1960, que ganó el premio Pullitzer con ella y que no volvió a publicar ninguna novela hasta 2015, año en que salió “Ve y pon un centinela”, escrita antes que la primera pero guardada en un cajón hasta casi 60 años más tarde.

Después leí “El juego de Gerald” de Stephen King, y pasé miedo. No es de sus mejores novelas, para mí peca de excesivamente lenta (con la mitad de extensión sería mucho más amena y eficaz) pero no me disgustó. Recuerdo que me enganché a la lectura con libros de John Grisham y con Stephen King. Durante mucho tiempo King ha sido considerado un mal escritor, aunque últimamente no paran de surgir figuras reivindicando sus obras. Para mí es un escritor sublime, no creo que sea fácil crear terror a través de una novela, sin el apoyo de la imagen y la música que tiene, por ejemplo, una película de cine, y este tipo lo consigue. El primer libro que leí de King fue “El misterio de Salem’s Lot” y me impactó muchísimo. King es turbador.

Después he leído “Juan Salvador Gaviota”, que me ha decepcionado mucho. Había oído hablar mucho de él y se supone que es una gran metáfora sobre cosas muy profundas… para mí ha sido una fábula entretenida pero sin mucho más que destacar. Por lo menos es corta.

También leí “Martes con mi viejo profesor” y disfruté mucho. Es un libro que recoge las entrevistas que tuvo un periodista estadounidense con un antiguo profesor de la universidad cuando supo que éste había contraído la ELA y estaba a punto de morirse. Es un libro bonito y que hace pensar. Y si uno es padre, el mensaje de “valora lo que de verdad es importante en la vida” cala hondo de veras.

Dejo para el final otra novela que hacía tiempo deseaba leer y que me ha impactado como ninguna otra en mucho tiempo: “Patria”, de Fernando Aramburu. Llevaba meses leyendo sobre ella, que si era la novela del año, que si había ganado tal o cual premio… y habiendo leído la sinopsis me entró el gusanillo. La novela me ha sorprendido enormemente y me ha descubierto un autor que desconocía y que me ha ganado completamente. Desde que descubrí a Murakami no había experimentado algo parecido. La novela presenta a dos familias de un pueblo guipuzcoano que han sido amigas de toda la vida, los padres son amigos inseparables tanto en las partidas de mus como en las salidas en bicicleta los fines de semana y las madres, etxekoandreak que comparten todas sus preocupaciones y chocolates con churros en el Casco Viejo donostiarra los fines de semana. Estas familias se ven separadas por la muerte de uno de ellos a manos de ETA, con la sombra de la duda de si el hijo de la otra familia ha sido responsable del atentado. Mi madre me dijo que la leyó y le gustó mucho, pero que le pareció triste. Cuando pregunté a mi padre, me dijo que no había querido leerla, que después de tantos años con tantas cosas alrededor, prefería no tener que revivir ciertas sensaciones. El caso es que estoy de acuerdo con los dos, la novela es excepcional y es triste, y también describe de una manera sorprendentemente acertada el clima y la vida en el País Vasco durante los años de ETA. Yo no viví directamente muchas de las cosas que se cuentan en la novela, otras sí, pero recuerdo perfectamente oír a amigos y a mis propios padres cosas que impregnan la novela de principio a fin. Creo que esta crítica de Babelia explica muy bien lo especial que resulta esta novela, empezando por la originalísima manera de narrar que tiene su autor (si la leéis lo comprenderéis).

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Uno de los personajes de la novela es un etarra que, durante su tiempo de encierro en una cárcel andaluza combate éste tarareando una canción de Mikel Laboa, una melodía famosísima en el País Vasco y que a mí me parece preciosa. Probablemente eso sea lo único que tenemos en común el citado personaje y yo. La traducción de la canción sería algo como esto:

Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habría escapado.
Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habría escapado.
 
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Y yo…
yo lo que amaba era un pájaro.
Y yo…
yo lo que amaba era un pájaro.

 

Viendo la luz al final del túnel

Los últimos meses han sido complicados. Aquí, en Andalucía, los Ayudantes Doctores tenemos una cantidad de docencia exagerada y casi no tengo tiempo para dedicarlo a mi investigación. Cada vez que coincido con alguien de una universidad no andaluza, pregunto por su carga docente y es para echarse a llorar, aquí nos tienen fritos a clases, con aproximadamente el doble de carga docente que en otros sitios…

No obstante, llevo unas semanas muy contento, parece que un modelo en el que llevo trabajando más de un año ha comenzado a funcionar. Comencé a trabajar en él a principios del año pasado y he invertido en él un montón de horas, prácticamente es mi trabajo de investigación de todo un año, y hasta hace un mes tenía el ánimo por los suelos, habiendo estado a punto de abandonarlo en dos ocasiones. El problema era, finalmente, mi falta de dominio del cálculo tensorial (hablando con un profesor compañero de la Escuela de Caminos de Madrid, coincidimos siempre en eso: de matemáticas en general no vamos mal, pero de tensores…¡ay los tensores!, en eso tenemos una importante laguna). Pero ahora todo funciona y, si todo va bien, en junio y julio podré escribir el borrador de un primer artículo sobre este modelo; espero que sea el primero de unos cuantos más.

Desde la vuelta de las vacaciones de Navidad, Inma y yo hemos estado hasta arriba de trabajo. Yo, con mis clases, he llegado a tener problemas con la garganta, pues he llegado a impartir 8 horas diarias de clase, cosa que es una verdadera barbaridad, se mire por donde se mire. Inma, por su parte, ha estado asistiendo a las clases del máster y ahora está terminando las prácticas; después le quedará realizar su TFM y podremos respirar tranquilos. Y bueno, Martín está grande, guapo y listo, ¡qué voy a decir yo!… pero es la verdad.

Estoy deseando que llegue el final de las clases como agua de mayo, sólo quedan tres semanitas y empezaré a estar más liberado de mis obligaciones docentes. La verdad es que está siendo un curso interesante, lleno de nuevas experiencias: he publicado mi primer libro de estructuras junto con un compañero de la UPM, me han concedido mi primer Proyecto de Innovación Docente y hemos realizado la primera jornada de estructuras en la Universidad. Durante ésta última, invitamos a tres investigadores para que nos contaran su experiencia en temas francamente interesantes y celebramos el primer concurso de puentes construidos con pasta, que fue todo un éxito.

Estar aquí, un campus más pequeño, tiene sus limitaciones y una enorme carga de trabajo, pero también es cierto que me permite hacer las cosas como yo quiero… y creo que no las estoy haciendo mal, al menos a los alumnos les veo motivados y aprendiendo mucho, que es lo importante, ¿no?

Lo que hecho en falta es, sin duda, tener tiempo para algún hobby, o por lo menos para ir al gimnasio un par de veces por semana. Seguro que cuando terminen las clases podré hacerlo, será cuestión de organizarme, pero ahora mismo no veo el momento. Le voy a preguntar a Martín si quiere salir a correr conmigo, ¡aunque lo mismo me deja atrás!

(Aunque la imagen sea una porquería, aquí tenéis uno de los puentes a concurso que mencionaba antes, una verdadera virguería, ¿verdad?)

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Uf, ¡qué año!

Llevo sin escribir por aquí una barbaridad de tiempo, y es que la vida se complica y uno deja de tener tiempo para hacer tantas cosas.

Hace un par de meses, a punto de terminar el año, en muchos sitios se hablaba de 2016 como el año más nefasto en décadas, recordando el Brexit y la elección de Trump como hechos históricos de los que nos avergonzaremos en el futuro. Estoy de acuerdo.

Para mí ha sido un año muy intenso. La llegada de Martín nos ha sumido a Inma y a mí en una vorágine de la que es difícil escaparse. Los días tienen menos horas de las que deberían y las noches son demasiado cortas, pero es Martín lo mejor que nos ha pasado y no sabríamos vivir sin él, así que no hay queja, solo ojeras, sonrisas y abrazos, muchos abrazos.

En lo laboral, Inma está inmersa en un máster para capacitación como profesora de secundaria y yo trabajando más horas que un reloj en la universidad. Finalmente he conseguido publicar un libro para una asignatura junto con un profesor compañero de la Escuela de Caminos de Madrid, una ilusión que tenía desde hace años. Es cierto que me ha requerido un esfuerzo enorme desde marzo del año pasado hasta las navidades pasadas, pero da gusto verlo terminado.

Las clases siguen siendo excesivas, nos tienen asfixiados con tareas docentes y apenas nos queda tiempo para investigar, que es lo que nos permite consolidar nuestra situación en la universidad, así que mal, muy mal. Nos exigen una preparación excesivamente elevada, nos pagan poco y encima nos ponen trabas para lograr una cierta estabilidad laboral. Menos mal que me gusta lo que hago, si no ya habría mandado todo a tomar por saco hace meses. A pesar de todo y cual irreductible galo estoy rematando un artículo que llevaba estancado demasiado tiempo y tengo planes de rematar otro antes de verano, así que creo que no llevo mal ritmo.

Además estoy iniciando nuevas líneas de investigación con nuevos compañeros de la Universidad de Jaén y parecen muy prometedoras; me ha sorprendido muy gratamente encontrarme gente con tanta valía en una universidad pequeña como ésta, realmente hay gente con talento por aquí. Con un poco de suerte, estos primeros años serán duros pero llegaré a una situación de calma cuando consolide mi plaza.

Lo que realmente hecho de menos es la falta de tiempo para dedicarlo a mis aficiones, casi mi única ¿afición? es ver el programa Tips de La 2 después de bañar a Martín. ¿El gimnasio?, cero patatero, ¿la lectura?, casi nada, ¿el teatro?, aparcadísimo… confío en que a medida que pasen los meses pueda ir retomando aficiones, noto que necesito una cierta vía de escape para dejar de pensar sólo en trabajo todo el día.

Por lo pronto, este fin de semana, aprovechando que el próximo martes es festivo en Andalucía y que el lunes no tengo clases, nos vamos unos días a Fuengirola con mis suegros a airearnos un poco, que falta nos  hace.

Últimamente estoy recordando una fabulosa canción de Nueva Vulcano:

Y los meses pasan a la velocidad de la luz

Este primer cuatrimestre ha tocado a su fin. Han sido meses de mucho trabajo y, sobre todo, de mucho Martín, que a su madre y a mí nos tiene totalmente embobados.

Aunque sólo tiene cinco meses y tres días, está muy mayor, se ríe mucho y cada vez que ríe a su madre y a mí se nos cae la baba. Sí, puede resultar ñoño todo esto, lo sé, pero cuando uno es padre os aseguro que ya no lo es, creedme.

Las horas del día no me dan para todo lo que tengo que hacer, por eso ya casi tengo abandonado este blog, ¡con lo que a mí me relaja y me gusta escribir por aquí de vez en cuando! Ahora se avecinan meses de ajetreo, pues a las dos asignaturas que llevo durante el segundo cuatrimestre se le han sumado unas clases en un curso de Máster y mi firme intención de volcarme en mi investigación de nuevo, que está prácticamente abandonada desde que me incorporé a la Universidad de Jaén.

Mi día a día es un poco monótono, pues nos mudamos al nuevo campus en septiembre y todavía no tiene contrata para la cafetería, con lo que apenas tengo la oportunidad de charlar con nadie durante la semana…bueno, aunque bien pensado, si hubiera cafetería me faltaría tiempo para visitarla.

Inma y yo a menudo hablamos de las cosas que echamos de menos de Madrid y Praga. Sí, fueron tiempos duros, especialmente los de Praga, pero también estuvieron trufados de momentos y experiencias muy bonitas. Esta misma semana le comentaba a Inma que recordaba el parque de Letná, un parque alargado que llega casi hasta el Castillo de Praga y que transcurre paralelo al río; yo solía (bueno, quizá ‘soler’ sea un poco pretencioso…) salir a correr por allí cuando ya se hacía de noche y disfrutaba de unas de las vistas más espectaculares de la ciudad: iluminada, con el río cruzado por sus puentes y las torres de la Ciudad Vieja asomando entre los edificios.  Si todo va bien, ya tenemos pensado hacernos una escapada a Berlín, Praga y Viena dentro de un par de años, cuando Martín sea más grande y nuestra economía se haya recuperado un poco. Pero por el momento toca volver a la realidad, rematar los exámenes de enero y preparar las clases que comienzan la semana que viene. Poquito a poco.

Últimamente estoy recordando a Coldplay cuando hacían grandes temas.

Martín ya tiene un mes

Sí, Martín ya tiene un mes, el 16 de agosto nos cambió la vida para siempre a Inma y a mí y, a pesar de lo complicadas que están siendo estas primeras semanas, la sonrisa no se nos borra de la boca.
El lunes que viene nos instalaremos definitivamente en Linares y trataremos de llevar una cierta rutina en nuestra nueva casa, la que Martín nos deje. En un mes hemos tenido que hacer un curso acelerado en preparación de biberones, cambio de pañales y muchas otras cosas más; sé que es lo de siempre, pero de verdad que no me imaginaba que la llegada de un hijo pusiera todo tan patas arriba.
Martín es regordete. Martín es muy despierto. Martín tiene unos pulmones con una potencia que asusta. Cuando Martín tiene hambre, el mundo se para; es como su padre. Martín es mi hijo y es el niño más bonito del mundo.

Martín

De buen humor

Ahora nos quedan por delante unas semanas tensas. Hemos comprado un piso (¡y yo que creía que no llegaría el momento!) y esta semana empiezan las reformas, con las consiguientes preocupaciones que eso trae. Por lo menos las clases terminaron hace unos días y mi vida en la universidad es un poco más tranquila, así que puedo retomar mi investigación, abandonada desde que llegué a Linares.

En general, y salvo algunos detalles que han complicado la compra del piso, están siendo semanas de buenas noticias y de alegre espera de nuestro bebé, a pesar de que la pobre Inma está sufriendo más de lo previsto con estos calores.

Pero la noticia que más me ha alegrado últimamente me la ha dado mi amigo Oli, que después de año y medio en el paro, ha encontrado trabajo. ¡Estas cosas le alegran a uno el día!

David (150 palabras: ventanilla, bolsa, collar)

David abrió los ojos y, con un esfuerzo sobrehumano, consiguió vislumbrar a través de la ventanilla los altos edificios de la Castellana, que debía de ser una señora muy importante, porque le habían dedicado una avenida muy ancha que no terminaba nunca.
Delante de él podía ver la silueta de sus padres, él con su barba canosa y sus gafas de pasta, ella con sus pendientes y su collar a juego; en la radio sonaban las señales horarias interrumpiendo una machacona canción que no paraba de sonar en todas partes.
Alargó la mano y abrió la bolsa de dulces que papá le había comprado después de salir de casa de su abuela en el pequeño kiosko de la esquina.
Terminaba el fin de semana y después de dar buena cuenta de la fresita de gominola, David cerró de nuevo los ojos y decidió que era un buen momento para echar otra cabezadita.

Corrigiendo exámenes

Hace tres meses que me incorporé como profesor a la Universidad de Jaén, en Linares. Han sido unas semanas muy intensas, con mucho más trabajo del que imaginaba. Ahora toca rematar el curso preparando y corrigiendo exámenes (tareas que llevan más tiempo del que creía) y retomando mi labor investigadora, que ha estado parada este tiempo.

La vida en Linares está bien, es una ciudad pequeña en la que se echan algunas cosas de menos, pero no muchas. Esta nueva vida tiene muchas ventajas, en especial tardar 10 minutos a pie en llegar a la universidad… ¡eso no tiene precio! También está bien que ir de tapas sea una nueva y barata forma de cenar y que el coche no sea necesario más que para ir los fines de semanas a Bujalance.

Por lo demás, ya tenemos piso; la semana pasada firmamos la escritura y probablemente la semana que viene comencemos con una pequeña reforma antes de mudarnos a él. Estos primeros meses serán de vivir bajo mínimos hasta que recuperemos un poco el colchón económico que hemos dejado temblando, pero estamos muy ilusionados. Después de vivir de alquiler durante tanto tiempo, es una gozada pensar que uno ya va a instalarse en su propia casa.

Inma ya tiene una buena barriga, afrontamos así el último trimestre de embarazo antes de recibir a Martín. Los abuelos ya se están empezando a volver locos con la llegada del nieto… pero a los padres no nos gana nadie.

Mientras tanto esta tarde seguiré corrigiendo exámenes.

Y de vuelta en Praga

Pues sí, debería haber estado en California tres meses pero al final solo he rozado el primero de ellos, sin completarlo. Es una lástima no haber podido cerrar mi estancia allí como me hubiera gustado, pero las cosas son como son y, en este caso, el motivo lo merece. Estos días me toca cerrar asuntos aquí en Praga y firmar el final de mi contrato con la universidad porque la semana que viene me incorporo a la Universidad de Jaén.

Estoy muy ilusionado con esta nueva etapa, estoy convencido de que va a ser el comienzo de un periodo muy fructífero de mi vida profesional. Voy con muchas energías y con ganas de dar lo mejor de mí mismo para hacer un buen papel allí, intentar aprender a ser un buen profesor y desarrollar una labor investigadora de calidad.

¡Qué ganas tenía de volver a España, por Dios!

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