El pozo de Tooru

"Which is why I'm writing this book. To think. To understand. It just happens to be the way I'm made. I have to write things down to feel I fully comprehend them."

Categoría: Cine

Sugar Man

Hace unos días por fin me decidí a ver el famoso documental ‘Searching for Sugar Man’; me encantó.

Cuenta la historia de un misterioso cantautor que a finales de los sesenta y principios de los setenta publicó dos álbumes en Estados Unidos. Parece que ahora muchos coinciden en que tanto su música como sus letras estaban a la altura de los grandes, pero mientras Dylan triunfaba de manera arrolladora, Rodríguez pasó sin pena ni gloria y parecía haber desaparecido de la faz de la Tierra.

Años después, los autores del documental se encontraron con que en Sudáfrica, Rodríguez era una verdadera estrella, tal y como dicen en el documental, ‘mucho más grande que los Rolling Stones’; sin embargo, nadie sabía nada sobre él en ese país. Era un artista misterioso del que solo se conocía la foto de la portada de su disco “Cold fact” y del que corrían rumores, se decía que se había suicidado durante una actuación, por ejemplo.

El documental desgrana la investigación que los autores realizaron sobre la figura de Rodríguez y su sorprendente desenlace. Pero más allá de lo delicioso que resulta este documental, a mí me ha servido para descubrir la fabulosa música de este impresionante señor.

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Dylan siempre será atemporal

Hoy regresaba de la universidad escuchando música en el metro y he vuelto a Bob Dylan. Más concretamente, he vuelto a The times they are a changin’ y he recordado que hace dos años, cuando comenzaba el movimiento 15M, también me vino a la cabeza esta canción.

Recuerdo que entonces pensaba que algo grande estaba pasando, que eso podía ser el comienzo de un cambio enorme en el país. Pensaba que, efectivamente, “era mejor ponerse a nadar como loco o nos podíamos hundir como una piedra”. Por lo menos dos o tres días cada semana me acercaba a Sol sobre las 21:00 o 22:00 para hacer bulto y participar en lo que sentía que era algo histórico, al menos ese era el ambiente que se respiraba allí. Estaba muy equivocado.

Más de dos años después la cosa no ha cambiado ni un ápice, desde luego no para mejor. Siguen gobernando los mismos después de haber incumplido todas sus promesas electorales en un tiempo récord y de que se haya descubierto lo que todos imaginábamos: que están podridos de corrupción. Durante este tiempo no hemos dejado de presenciar cómo nos han recortado derechos, las diferencias entre clases se han acentuado más que nunca, los ministros se han reído de los españoles (me vienen a la cabeza numerosas intervenciones del Sr. Wert, por ejemplo), el caso Bárcenas ha salpicado de porquería a todos y cada uno de los miembros del Gobierno y, de manera absolutamente ininteligible, nada ha cambiado. Sí, digo que no se entiende porque efectivamente, nadie desde fuera podría entender que un Gobierno siga en el poder después de todo lo que ha ocurrido. Pero sí, somos la “democracia” bananera de Europa, es lo que nos ha tocado.

Volviendo a la canción de Dylan, recuerdo que hace unos meses vi Watchmen, la adaptación del cómic de Alan Moore, que abre con la mejor secuencia que he visto nunca en unos títulos de crédito. Esta secuencia va acompañada por la canción de Dylan y no tiene desperdicio.

Come gather ’round people
Wherever you roam
And admit that the waters
Around you have grown
And accept it that soon
You’ll be drenched to the bone
If your time to you is worth savin’
Then you better start swimmin’ or you’ll sink like a stone
For the times they are a-changin’

Come writers and critics
Who prophesize with your pen
And keep your eyes wide
The chance won’t come again
And don’t speak too soon
For the wheel’s still in spin
And there’s no tellin’ who that it’s namin’
For the loser now will be later to win
For the times they are a-changin’

Come senators, congressmen
Please heed the call
Don’t stand in the doorway
Don’t block up the hall
For he that gets hurt
Will be he who has stalled
There’s a battle outside and it is ragin’
It’ll soon shake your windows and rattle your walls
For the times they are a-changin’

Come mothers and fathers
Throughout the land
And don’t criticize
What you can’t understand
Your sons and your daughters
Are beyond your command
Your old road is rapidly agin’
Please get out of the new one if you can’t lend your hand
For the times they are a-changin’

The line it is drawn
The curse it is cast
The slow one now
Will later be fast
As the present now
Will later be past
The order is rapidly fadin’
And the first one now will later be last
For the times they are a-changin’

When I grow up, I want to be like Chaplin

I’m sorry, but I don’t want to be an Emperor – that’s not my business. I don’t want to rule or conquer anyone. I should like to help everyone, if possible — Jew, gentile, black man, white. We all want to help one another; human beings are like that. We want to live by each other’s happiness, not by each other’s misery. We don’t want to hate and despise one another. In this world there’s room for everyone and the good earth is rich and can provide for everyone.

The way of life can be free and beautiful.

But we have lost the way.

Greed has poisoned men’s souls, has barricaded the world with hate, has goose-stepped us into misery and bloodshed. We have developed speed but we have shut ourselves in. Machinery that gives abundance has left us in want. Our knowledge has made us cynical, our cleverness hard and unkind. We think too much and feel too little. More than machinery, we need humanity. More than cleverness, we need kindness and gentleness. Without these qualities, life will be violent and all will be lost.

The aeroplane and the radio have brought us closer together. The very nature of these inventions cries out for the goodness in men, cries out for universal brotherhood for the unity of us all. Even now my voice is reaching millions throughout the world, millions of despairing men, women, and little children, victims of a system that makes men torture and imprison innocent people.

To those who can hear me I say, “Do not despair.” The misery that is now upon us is but the passing of greed, the bitterness of men who fear the way of human progress. The hate of men will pass and dictators die; and the power they took from the people will return to the people and so long as men die, liberty will never perish.

Soldiers: Don’t give yourselves to brutes, men who despise you, enslave you, who regiment your lives, tell you what to do, what to think and what to feel; who drill you, diet you, treat you like cattle, use you as cannon fodder. Don’t give yourselves to these unnatural men, machine men, with machine minds and machine hearts! You are not machines! You are not cattle! You are men! You have the love of humanity in your hearts. You don’t hate; only the unloved hate, the unloved and the unnatural.

Soldiers: Don’t fight for slavery! Fight for liberty! In the seventeenth chapter of Saint Luke it is written, “the kingdom of God is within man” — not one man, nor a group of men, but in all men, in you, you the people have the power, the power to create machines, the power to create happiness. You the people have the power to make this life free and beautiful, to make this life a wonderful adventure.

Then, in the name of democracy, let us use that power! Let us all unite!! Let us fight for a new world, a decent world that will give men a chance to work, that will give you the future and old age a security. By the promise of these things, brutes have risen to power, but they lie! They do not fulfill their promise; they never will. Dictators free themselves, but they enslave the people!! Now, let us fight to fulfill that promise!! Let us fight to free the world, to do away with national barriers, to do away with greed, with hate and intolerance. Let us fight for a world of reason, a world where science and progress will lead to all men’s happiness.

Soldiers: In the name of democracy, let us all unite!!!

Inside Job

Ayer aproveché que disponía de un par de horas libres para ver Inside Job, el documental que hace un par de años explicaba claramente los motivos de la crisis financiera.

Este documental ha sido clarificador para mí y creo que definitivamente entiendo qué es lo que nos ha llevado a donde estamos. Entiendo lo que son las subprime, el apalancamiento, un banco de inversiones y qué papel jugaron las agencias de calificación, ésas que antes ninguno sabíamos que existían y que ahora salen todos los días en diarios e informativos. Lo que más preocupa de todo es la conclusión a la que llega el documental, y es que después de la crisis, quienes la originaron han visto intactas sus ganancias y, lo más grave de todo, siguen estando al mando del sistema financiero.

Hay muchas cosas que me siguen dando vueltas en la cabeza desde ayer. Está la idea de que quienes dirigían las entidades bancarias, reguladoras y calificadoras durante la burbuja económica no dudaron en llevar a sus empresas a la ruina si por el camino ellos se enriquecían de manera obscena. Está la idea de que a los bancos les interesa la desregularización, entre otras cosas, para crecer de manera indefinida, de manera que, si hay algún problema, los estados deban acudir a su rescate para evitar un colapso del país. Están también los sueldos de las personas que contribuyeron y se enriquecieron durante todo el proceso. Ah, y está, para quedarse atónito, la falta de reconocimiento de culpa de todas estas personas.

En un momento del documental, Andrew Sheng, consejero jefe de la comisión reguladora bancaria de China, suelta una perla que da que pensar:

Why should a financial engineer be paid four times to 100 times more than a real engineer? A real engineer builds bridges. A financial engineer builds dreams. And, you know, when those dreams turn out to be nightmares, other people pay for it

Recuerdo que hace ya mucho tiempo, cuando todo esto que estamos sufriendo comenzaba, alguien me envió el enlace a un vídeo en youtube en el que dos cómicos ingleses explicaban de una manera muy divertida la esencia de lo que desgrana Inside Job:

He de confesar que en su momento no lo entendí bien, porque desde siempre todo lo que tiene que ver con el mundo financiero me ha causado alergia. Ahora sí lo entiendo, y asusta.

Series, series, series…

Yo soy de aquellos que, extrañamente, todavía pueden decir que no han visto Lost. Cuando comenzó el boom de las grandes series que llevamos viviendo desde hace unos años, yo no estaba. Sencillamente. La primera noticia que tuve vino de mi amigo Mikel, que se enganchó a Lost antes de ser lo que terminó siendo y en una semana se ventiló la primera temporada al completo. Bien, a pesar de sus consejos y de que me pasó la primera temporada en un dvd prometiéndome que no podría dejar de ver un episodio tras otro, me quedé completamente al margen de todo aquello.

Seguí oyendo hablar de las que siguieron: Héroes, Dexter, The Wire, True Blood … pero nunca comencé con ninguna. Y a mi alrededor no paraba de oír maravillas de todas estas series.

Hoy ya parece comúnmente aceptado que las series de televisión están por encima de las películas que se estrenan en los cines. Parece que toda la creatividad se ha volcado en el mundo televisivo y fruto de ello estamos viviendo una auténtica edad de oro para las series de televisión, entendidas ya de otra manera diferente.

Yo comencé con Los Soprano, que mi padre tantas veces me había recomendado ver y yo tantas veces había rehusado por pura pereza. Ahora he dado paso a Band of Brothers y a Friends, probablemente la última gran serie a la vieja usanza.

Por un lado Band of Brothers me está dejando maravillado. La realización es impecable y tanto la historia como el acabado visual es impecable. Aun así me pasa con esta serie lo que con todas las películas de guerra: durante la batalla pierdo toda referencia de lo que está ocurriendo y tan sólo sé que los malos están luchando contra los buenos. Aunque esto será culpa mía, no digo que no. En cualquier caso, una serie maravillosa en la que el teniente Winters brilla con luz propia.

Por otro lado, cuando comencé a ver Friends, tan sólo recordaba haber visto algunos capítulos de la primera temporada cuando comenzaron a emitirla en Canal +, allá en el Pleistoceno. Recuerdo también que me parecía muy divertida, pero la retomaba ahora con recelo, pensaba que el humor de las series que ahora triunfan (Big Bang Theory, The Office o Cómo conocí a vuestra madre, por ejemplo) es diferente al que acostumbrábamos hace diez años, quizá me resultaría algo ingenuo. Para nada, Friends es una comedia maravillosa, por la que creo que pasaran los años de manera muy digna. Me lo estoy pasando teta. Por cierto, viendo la serie en inglés he descubierto que mi personaje favorito era el que menos me gustaba cuando la veía en español. Y es que Ross es mucho Ross.


Los Soprano. Y llegó el final.

Ayer terminé de ver la sexta y última temporada de los Soprano. Enorme.

Reconozco que en un primer momento pensé que el maldito capítulo estaba incompleto. Diez segundos después, y tras comprobar que no era así, efectivamente, reconozco que se me quedó cara de panoli. Pero un poco más tarde empecé a pensar y di con la solución. Visioné los últimos cinco minutos dos veces más y fui atando cabos, corroborando que estaba en lo cierto.

No contento con eso, indagué en internet y comprobé que los últimos cinco minutos del último capítulo de la última temporada tienen condensada mucha información, para que no quede duda de nada… o de casi nada.

Al parecer, este final causó muchísimo revuelo en su momento. Hubo quién pensó que fue magistral y que mantuvo el altísimo nivel de la serie. Para otros fue una tomadura de pelo, tanto es así que en Estados Unidos muchos  cancelaron su suscripción a HBO, productora de la serie, en señal de protesta.

Yo, en este momento, pasadas unas horas del extraño impacto que causan esos últimos cinco minutos, creo que es el final perfecto. Creo que un final diferente, uno que se hubiera decantado de manera directa por algo más evidente, habría sido un chasco, un flagrante error. Y no fue así, consiguieron darle una vuelta de tuerca más a una serie que quedará durante mucho tiempo como una de las series más perfectas que se han realizado. La profundidad de los personajes, el realismo de las escenas, los diálogos de besugos tan encantadoramente violentos y machistas… los chistes de Junior… ¡menuda ristra de personajes maravillosos!.

De hecho, la última temporada sorprende al espectador retorciendo la trama de maneras que hasta entonces no había hecho. ¿Es el crepúsculo de Tony Soprano?, los acontecimientos se precipitan y uno no sabe nunca quién caerá a continuación. Pero está claro que alguien caerá, de eso no cabe la menor duda.

Ahora me espera Band of Brothers, de la que me han dicho que es buena, pero… después de los Soprano… no sé, espero que no me decepcione. Confío en tito Spielberg.


De ilusiones y desilusiones

Tengo esto la mar de abandonado, y es que las últimas semanas, la Santa de por medio, han sido ajetreadas y entretenidas, tanto que no me ha quedado tiempo para pensar en el blog.

Esta Semana Santa ha tocado recorrerse España de cabo a rabo, dos veces en cuestión de diez días, 2400 km. en total, ahí queda eso. Hubo sesión continua de la Jungla de Cristal, de las cuatro, y también hubo tiempo para una celebración especial y estar, por pura casualidad, en Cibeles en el momento en que el Madrid ganó la Copa del Rey.

Y ya tras la vuelta ha habido su cierta desilusión, nada grave, claro, pero una de esas cosas que le dejan a uno un poco fastidiado.

También he comenzado 1Q84 y, aunque sólo voy por la página 125 la cosa promete mucho. Ya conozco un poco a Tengo, a Aomame y, por supuesto,  a Fukaeri, que me da que va a ser la Midori de este libro… quiero decir, el personaje más interesante de esta historia (como siempre con Murakami, un personaje femenino semisecundario le roba el protagonismo al principal). Ya se han ido asomando algunas de las facetas misteriosas de los personajes que después darán que hablar, así como unas pistolas y uniformes de policía que permiten atisbar un trasfondo semifantástico, irrenunciable en la literatura de este señor. Por cierto, que este fin de semana estrenan la película basada en su famoso libro Tokio Blues y, además, tiene muy buena pinta.

En cuanto a la tesis, uffff, esta semana ha sido tremenda. Obviando la desilusión que mencionaba antes, he estado inmerso de lleno en, el infinito mundo de Abaqus de Fortran y  de la madre que los parió a los dos. El lunes y el martes viví la desesperante fase en la que uno no ve ninguna luz posible, todo es complicado y, a medida que ahonda más, la complicación se eleva a la enésima potencia. El miércoles creí atisbar una pequeña luz al final del túnel y hoy, después de mucho porfiar, he dejado el asunto a punto de caramelo. Creo que mañana o, como muy tarde el lunes, terminaré de rematar la tarea que me ha traído de cabeza últimamente. (Me quejo, pero en el fondo me encantan estos momentos de reto, frustación y, finalmente, victoria. No lo puedo remediar.)

Y nada, mañana rumbo a Bilbao, el siguiente fin de semana a Córdoba y luego… ya veremos, que la cabeza no la tengo para muchos trotes.

Emoción

Emoción de verdad es aquello que sientes cuando al escuchar una canción, ver una película o leer una poesía se te hace un nudo en la garganta y la mirada se te queda clavada en el infinito, anclada en un punto lejano e imposible de enfocar. La emoción verdadera te hace pensar en cosas que nunca vivirás pero que, de alguna manera, sientes íntimamente cercanas.

Las cosas que provocan una intensa emoción no son siempre las mismas para una misma persona, depende del momento, de la compañía y, sobre todo, del momento vital que uno esté viviendo. Es precisamente por eso que uno vive épocas en las que se siente desligado del cine, de la música o de ambas cosas al mismo tiempo. Pero al igual que todo aquello que sube tiene que caer, también llega un momento en que las películas vuelven a emocionar, las canciones de nuevo erizan el vello y los buenos poemas te dejan helado por fuera y conmovido por dentro una vez más.

Dicho esto, el pasado fin de semana vi Cisne Negro, descubrí una preciosa versión de Lucha de gigantes y, para colmo, esta mañana, en un vagón del metro, he leído este soneto de Miguel Hernández, perteneciente a El rayo que no cesa,

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

 

Cisne Negro:

 

Lucha de gigantes, por Love of lesbian y Zahara:

 

El discurso del rey

Ayer por la noche me enteraba de que el Globo de Oro al mejor actor de drama iba para Colin Firth. Siempre me ha gustado este tipo y me alegro de que se le empiece a reconocer como uno de los grandes. Habría que verle en otro tipo de registros, aunque tal vez no haga falta, es un galán al estilo clásico y no está mal que sea así.

Llevo unos cuantos años que piso poco las salas de cine, puede que vaya unas cuatro o cinco veces al año, dudo que más, sin embargo, sí fui a ver ‘El discurso del rey’ y no me defraudó. El hilo argumental es el problema de tartamudez que el rey Jorge VI tuvo que superar para enfrentarse a uno de los periodos históricos más complicados de Inglaterra. El asunto puede parecer anecdótico, sin embargo, considerando que Jorge VI se vio abocado a la corona con motivo de la abdicación de su hermano y sintiendo Inglaterra el aliento alemán muy cerca, en puertas de la II Guerra Mundial, un rey sin capacidad de liderazgo se antoja un problema de grandes dimensiones.

La película hay que englobarla en la categoría de drama porque comedia no es, evidentemente, sin embargo, navega entre ambos géneros, dando lugar a la sonrisa en más de una ocasión. Como anécdota, me hizo gracia la enorme presencia de la bruma londinense en todos los planos de exterior, imagino que necesarios para poder ocultar detalles y edificios actuales que rompieran la ambientación. Sin embargo, en mi año de Erasmus no recuerdo nunca tanta presencia de la niebla como la que padecen Colin Firth, Helena Bonham Carter y Geoffrey Rush en ‘El discurso del rey’.

En cualquier caso, una película recomendable, sin lugar a dudas.

La Navidad y McCandless

Y vamos entrando en la Navidad y, como siempre, El Corte Inglés nos lleva dos semanas de adelanto. Ya voy sintiendo el revuelo de la gente en las calles apurándose para realizar las compras navideñas antes de que sea demasiado tarde, el bullicio en el metro los fines de semana, las calles atestadas de abrigos y galas los viernes y sábados con motivo de las cenas de compañeros de trabajo y de antiguos amigos. Y claro, en la tele ya han pasado Los Gremlins… sólo faltan Los Goonies y E.T. para completar el cuadro.

A mí me gustan estas fiestas, y estoy deseando llegar a casa para disfrutar de unos días al calorcito de la chimenea y de un buen café caliente. Pero antes hay que terminar de atar unas cuantas cosas por aquí, organizar el trabajo para esos días y, cómo no, hacer balance de este año, que es algo que me gusta desde hace tiempo.

Por cierto, Into the Wild (o Hacia rutas salvajes en castellano) me encantó. Cuenta la historia de un joven que, al terminar la carrera, decide desaparecer, donar su dinero a una ONG y lanzarse a vivir en la naturaleza (into the wild!, repite emocionado una y otra vez). Viaja al sur de Estados Unidos un tiempo hasta decidirse a emprender su verdadera aventura, vivir en medio de la nada en Alaska, refugiado en un autobús abandonado, dando así una patada a la sociedad tal y como la conocemos todos y demostrando que no hace falta obsesionarse con las ¡cosas cosas cosas!. Impresiona conocer que la historia es real, que realmente Christopher McCandless existió y pasó lo que pasó. Impresiona ver esta autofoto, tomada por el mismo McCandless días antes de morir, su cara de felicidad. Sí, creo que hay que echarle narices para hacer algo así, pero también estar un poco loco. Preciosa historia.

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