El pozo de Tooru

"Which is why I'm writing this book. To think. To understand. It just happens to be the way I'm made. I have to write things down to feel I fully comprehend them."

Categoría: Literatura

Anatomía de un instante

Llevo mucho tiempo sin pasar por aquí, de hecho, he estado a punto de echar el cierre. He tenido unos meses de muchísimo lío, en parte porque la tesis está llegando a su fin y eso significa que el ritmo se acelera inexorablemente, y en parte también por cuestiones que uno debe atender para el año que viene. Veremos lo que aguanta este pozo de Tooru…

En fin, al final va a ser que uno se acaba pareciendo a sus padres más de lo que podía imaginar, y si en algunos aspectos de mi personalidad ya me lo van diciendo, ahora me está dando por interesarme mucho por la historia del país. A mi padre le interesa mucho la Guerra Civil, es quizá su gran pasión; a mí me llama más la atención la Transición, quiero saber por qué estamos donde estamos y qué motivos hubo para hacer las cosas de una manera que ahora a mí se me antoja chapucera. Me explico:

Ahora estoy terminando de leer Anatomía de un instante, un fantástico libro de Javier Cercas, del que tenía magníficas referencias y que no me está decepcionando en absoluto. Es un ensayo (aunque el autor lo define como una novela) en el que Cercas explica los antecedentes del 23F, su desarrollo y sus consecuencias. Por otro lado, y no me estoy yendo por las ramas, la terrible crisis que parece no tener fin ha acentuado en mí, y creo que en todos, un hambre de conocimiento por saber cómo funciona todo este sistema en el que nos hemos criado los de mi generación y que damos por bueno, solo por el hecho de que siempre ha sido así y porque siempre hemos oído que la Transición y la Constitución son dos cosas maravillosas que le ocurrieron a este país. Bien, cuanto más me informo, más me invade la sensación de que el sistema que tenemos montado es una auténtica chapuza; no hay más que ver la cantidad de corrupción que abunda en este país y cómo la cultura del pelotazo está bien metida en nuestras cabezas y, diría más, en nuestra propia alma de país mediterráneo. Aquí, si se puede, no se pagan impuestos y si puedo trampear para lograr un beneficio, soy el más chulo del pueblo, ¿o no?

Bien, como he dicho, creo firmemente que este sistema es una chapuza maravillosamente bien montada para quienes se benefician de ella, pero también, a medida que leo y entiendo mejor la famosa Transición, creo que es una chapuza a la que tenemos que estarle agradecidos. Pienso que la Transición fue una maravillosa carambola de Adolfo Suárez para lograr lo que tenemos hoy, que no es lo mejor, pero que era lo mejor entonces.

También creo que es hora de un cambio. Estoy harto de oír que la Constitución es intocable (aunque el PP haya logrado contradecir este “dogma” para terminar de bajarse los pantalones ante el resto de Europa), creo que la Constitución puede cambiarse si es necesario. Creo que el sistema está obsoleto y creo que es evidente que está viciado. El gran problema es que quienes deberían tener narices para cambiarlo son los más interesados en que no se mueva nada.

Finalmente, también he descubierto últimamente unos podcasts fabulosos que están disponibles en la web de RNE. Es un conjunto de documentales que RNE viene haciendo desde el año 1999; en cada uno de ellos abordan un tema, que desarrollan durante una hora. Es una oportunidad fantástica de aprender cosas sobre nuestra historia, nuestra cultura o, incluso, la historia de otros países (ayer escuché uno sobre la independencia de México, que me resultó muy interesante). Aquí os dejo el enlace.

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El libro y el balón de fútbol

El hombre del traje gris se acercó con cautela y, pasándose el botellín de cerveza de la mano derecha a la izquierda, se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y tocó el hombro del chico desgarbado que llevaba toda la tarde con la mirada perdida.

-¿Qué, cómo vamos?

-He tenido días mejores – contestó de manera monótona.

-Vamos, hombre, tampoco es para tan… – no terminó la frase

-¿Cómo? – por primera vez en toda la tarde su mirada dejó de dirigirse al horizonte y pasó a centrar su atención en el trajeado personaje que se acababa de sentar a su lado. Era una mirada fiera, era la mirada de un ganador que por primera vez ha experimentado la derrota – ¿qué no es para tanto?, ¿lo dices en serio o te estás riendo de mí?

El hombre se ajustó la corbata, su tono se volvió solemne y miró a los ojos a su joven amigo.

-Mira, te entiendo perfectamente, no creas que no. Pongámoslo de esta manera, te han regalado un libro cuando tú querías un balón de fútbol.

El chico abrió los ojos e hizo una mueca de extrañeza.

-¿Qué quieres decir?

-Sí, digamos que es el día de tu cumpleaños y llevas semanas sin dejar de admirar el balón del chico más popular de tu clase. Te maravilla su textura, la perfecta forma de los triángulos negros entrelazándose con los blancos, su peso, su tamaño exacto, incluso su olor, todo te parece maravilloso en esa pelota. La última semana, sabiendo que tu cumpleaños se acerca, has estado insinuando a tu madre cuál es el regalo que esperas, insinuándolo sin cesar. Sin embargo, cuando llega el día, tu ilusión se transforma en decepción cuando compruebas que el paquete no es redondeado y que dentro hay un viejo libro.

El hombre miró a los ojos al chico, que no comprendía.

-Piensa ahora en que quizá tu decepción es errónea. Piensa ahora que ese libro es la novela más fascinante que jamás puedas leer. ¿Lo puedes imaginar?

-Sí, creo que sí – contestó el chico sin estar seguro de su respuesta.

El hombre hizo un silencio y dio un último trago a su cerveza, se levantó y se abrochó el botón superior de la americana.

-Bien, chico, piensa ahora si quieres seguir lamentándote del regalo que nunca recibiste o si prefieres leer nuevas novelas. Piensa si no te gustaría, incluso, escribir la tuya propia. ¿Entiendes?

El chico guardó silencio. Un minuto después, mientras el hombre se alejaba de su lado, se levantó y le miró. Ahora sí comprendía.

Iván Ferreiro y otras obsesiones

El viernes pasado tuve la enorme suerte de disfrutar del concierto de Iván Ferreiro en la sala Contraclub. Fue realmente único. Primero me pasé por la fnac de Callao para comparme el disco y, ¡oh, sorpresa!, ¡estaba agotado!, además ayer comprobé que en fnac.es ‘Confesiones de un artista de mierda’ aparecía en el número 1 del top 100 de la fnac (creo que significa que es el disco más vendido…).

El concierto empezaba, en teoría, a las 22:00, pero también el local abría a esa hora. Efectivamente a las 21:55 estábamos aún haciendo cola para entrar. Pocos, unas 30 ó 40 personas (sí, sé que según la RAE ahora no hay que tildar la o que va entre números, pero a mí me lo enseñaron así y creo que tiene más sentido). Entramos, pedimos la bebida que incluía la entrada y todos nos preguntábamos si Iván tocaría en el piano que había en el rincón, a no más de 8 metros de cualquier punto del local. Decidimos que sí, que sería allí, no había otro lugar posible, y nos pusimos en primera fila. Después el local se llenó (aún así, no más de 60 personas) y nosotros seguimos en primera fila. Llegó el señor Ferreiro, nos aconsejó que nos sentáramos en el suelo, que estaríamos más a gusto, el problema es que yo no sé sentarme en el suelo y a la tercera canción me dolían tanto las piernas que tuve que desplazarme, pasé de estar a  1 metro del ‘artista de mierda’ a sentarme al lado del tipo que controlaba la mesa de mezclas, que estaba  a 3 metros del ‘artista de mierda’. En torno a hora y media de canciones al piano, incluidas algunas canciones que él calificó como ‘canción chorra’ como ‘Secret smile’ de Semisonic, casi olvidada en mi memoria. Salimos con una sonrisa de oreja a oreja.

Esta semana he estado maquinando varias cosas relacionadas con mi tesis y van saliendo cosas interesantes. La semana que viene comienzo un curso en el ICE (Instituto de las Ciencias de la Educación), se titula ‘Formación inicial del profesorado en el marco del espacio europeo de educación superior’ y dura hasta junio del año que viene. La verdad es que me apetece, veremos si cumple mis expectativas.

También sigo con mi obsesión por el Kindle, que espero que Amazon.es comience a vender en breve y caiga por Navidades (tengo pocos caprichos, pero éste no se me va de la cabeza). Por el momento, y mientras llega la ocasión de estrenarme con los libros electrónicos, sigo leyendo a la manera tradicional, acarreando el libro de lado a lado por todo Madrid, aprovechando los ratos que me brindan el metro y los autobuses urbanos. Estoy enfrascado en el libro 3 de la última novela de Murakami, 1Q84. Me está encantando, aunque temo que el final me deje con un sabor agridulce en la boca después de tantas páginas.

Por lo pronto, y para comenzar con buen pie el fin de semana, hoy he recordado una canción y un videoclip excepcionales:

Ghosts of Spain

Hace aproximadamente mes y medio dejé de coger el transporte público por causa de fuerza mayor. Todo este tiempo no he podido disfrutar de una de mis aficiones favoritas, y es que los viajes en metro en una ciudad como Madrid son una excusa maravillosa para leer. Entre pitos y flautas, uno acaba leyendo cerca de cinco horas semanales, y eso son unos cuantos libros a lo largo del año.

El libro que ahora me tiene ocupado lo compré en una librería de viejo por dos euros, aunque ya me había llamado la atención en las librerías convencionales. Se titula ‘Ghosts of Spain’ y está escrito por Giles Tremlett, corresponsal de The Guardian en Madrid. El libro me llamó la atención porque en él el autor, afincado desde hace muchos años en España, realiza un análisis por las heridas que todavía siguen sin cicatrizar desde la Guerra Civil. Esto lo realiza aprovechando el famoso levantamiento de las fosas comunes que tuvo lugar en 2006.

Es muy interesante leer cómo a un inglés le sorprenden actitudes que nosotros vemos obvias, cómo le extraña la enorme división entre Izquierda y Derecha que seguimos viviendo setenta años después. Da que pensar el análisis de la situación que hace Tremlett.

En el comienzo del libro relata cómo se vivió el levantamiento de una fosa en un pueblo de Ávila, Poyales del Hoyo; una fosa que contenía los cadáveres de tres mujeres asesinadas por la derecha durante la guerra. Entre los asesinos se encontraba uno apodado Quinientos Uno y otro llamado Manolo. La hija de una de las mujeres asesinadas abandonó el pueblo tras la muerte de su madre y regresó treinta años después:

[…]

Obdulia did not set foot in Poyales del Hoyo again for over thirty years. By that time Quinientos Uno was dead, having succumbed to a heart attack while in Arenas de San Pedro. (Francisca Sánchez still thinks this was an act of God, even though it happened in the 1960s. ‘His sins caught up with him.’)

She remembers, however, seeing another of the killers, El Manolo, ‘que era malísimo‘, ‘who was very bad’, drinking in the bar. ‘I wanted to go and say something to him, but my sister wouldn’t let me’, she said. ‘I didn’t lose my fear until Franco was dead’

‘This thing has stayed in my mind all my life. I’ve never forgotten. I am reliving it now, as we stand here. All the killers were from the village. They came with the intention of killing, and then they went off to confess.’

She is struggling now, to turn that hatred and fear into forgiveness. Finally she fixes me with a watery stare. ‘I can pardon, but I cannot forget. We have to pardon them or it makes us just like them.’

[…]

Evidentemente, también relata hechos en el otro sentido, pues al fin y al cabo en la Guerra Civil no hubo malos en un solo bando, pero sí parece que quienes peor lo pasaron fueron aquellos que se encontraban en zona republicana cuando la guerra estalló. Al fin y al cabo, las represalias hacia los perdedores continuaron después de la guerra y el poder quedó repartido entre los leales al bando vencedor.

Murakami

El 9 de junio de este año, Haruki Murakami recibía el Premi Internacional Catalunya en su 23ª edición. Se cumplían casi tres meses del terremoto de Japón y su posterior y devastador tsunami y Murakami aprovechó la ocasión para lanzar al mundo un discurso claro y contundente, también conmovedor. Son las palabras de una de las plumas japonesas más respetadas a nivel internacional y uno de los intelectuales más destacados de Japón, un país que representaba, y sigue representando, una de las sociedades más avanzadas de este planeta. En definitiva, eran las palabras de alguien a quien debe tenerse muy en cuenta.

Abre y cierra el discurso haciendo referencia a la ciudad de Barcelona y al premio que le otorgan, pero en total apenas suman medio folio de los más de once que ocupa el texto completo, el resto lo emplea para analizar las causas y las consecuencias de la terrible catástrofe que sufrió su país  (aquí puede leerse íntegro el discurso).

Las reflexiones son muy interesantes, habla de la ética y del modelo de una sociedad, habla de cómo estos pilares fundamentales son mucho más difíciles de reconstruir que las casas y las carreteras destruidas por las grandes catástrofes, y sobre todo habla de cómo estos pilares se han derrumbado en Japón en aras de un concepto que ha cegado casi todo lo demás, la eficiencia. Creo que esta idea también explica en gran parte la crisis que estamos todos padeciendo (o casi todos) y debiera reconducir y replantear muchas de lo que hoy en día damos por sentado en la sociedad que hemos dejado que construyan “para nosotros”.

El discurso que aquí enlazo dura en torno a los 25 minutos y está dividido en cuatro partes. Da mucho en qué pensar.

Este discurso apenas tuvo repercusión en España, imagino que tampoco en Europa o Estados Unidos, sin embargo en Japón causó mucho impacto y Murakami se ha erigido desde la catástrofe de Fukushima, y junto al premio Nobel Kenzaburo Oe en una de las voces más críticas y más firmes en contra de la política nuclear de su país.

Unai Elorriaga

Hará un par de semanas que terminé El pelo de Van’t Hoff, segunda novela de Unai Elorriaga, autor también de Un tranvía en SP, Premio Nacional de Narrativa 2002.

La literatura de este hombre es muy especial y muy diferente a todo lo que yo haya leído antes. Su narrativa parece improvisada, sus frases muchas veces están incompletas y surgen de una manera tan natural que no llegas a creer que hayan sido muy meditadas. Pero sí, todo está muy meditado, sino, ¿cómo se puede llegar a fragmentos tan brillantes como el siguiente?:

Los espaguetis suelen ser seres apacibles. Normalmente. Pero hay veces en las que los espaguetis se enfurruñan, y hasta se enfadan, nadie sabe por qué, y atacan a la persona. A Malco, sin ir más lejos, le saltó un espagueti del tenedor a la camisa. Se le metió en el bolsillo de la camisa. Y, pensándolo bien, no es nada fácil que un espagueti se meta en un bolsillo de la camisa, si se tiene en cuenta que las personas tienden a inclinarse hacia delante para comer. Para caer en el bolsillo de la camisa, por tanto, el espagueti debería saltar hacia atrás. Y para saltar hacia atrás, por otra parte, un espagueti no tendría más remedio que hacer una fuerza extra, y todo el mundo sabe que los espaguetis no son, por naturaleza, demasiado musculosos. Y todo este conjunto de datos lo que hace es probar, sin la menor duda, que el espagueti atacó a Malco muy consciente de lo que estaba haciendo.

He disfrutado como un enano este El pelo de Van’t Hoff, desde la primera hasta la última página. Ha sido una lectura refrescante, muy diferente a lo que acostumbro a leer. Este señor se ha convertido en uno de mis autores favoritos, de hecho, no dudo en recomendar Un tranvía en SP a todo el que se pone a tiro; es la novela más tierna y original que he leído en mi vida.

Ahora mis trayectos en metro los ocupa Watchmen, novela gráfica de culto que me está sorprendiendo muy gratamente (¡gracias Jose!). La cogí con escepticismo, a pesar de las opiniones tan maravillosas que había oído de ella, porque no soy muy de cómics, qué se le va a hacer. Sin embargo, me estoy encontrando con un mundo muy rico, un universo y unos personajes complejos, que van mucho más allá de los superhéroes que yo tenía en mente. Veremos cómo sigue, no ha hecho más que empezar.

De ilusiones y desilusiones

Tengo esto la mar de abandonado, y es que las últimas semanas, la Santa de por medio, han sido ajetreadas y entretenidas, tanto que no me ha quedado tiempo para pensar en el blog.

Esta Semana Santa ha tocado recorrerse España de cabo a rabo, dos veces en cuestión de diez días, 2400 km. en total, ahí queda eso. Hubo sesión continua de la Jungla de Cristal, de las cuatro, y también hubo tiempo para una celebración especial y estar, por pura casualidad, en Cibeles en el momento en que el Madrid ganó la Copa del Rey.

Y ya tras la vuelta ha habido su cierta desilusión, nada grave, claro, pero una de esas cosas que le dejan a uno un poco fastidiado.

También he comenzado 1Q84 y, aunque sólo voy por la página 125 la cosa promete mucho. Ya conozco un poco a Tengo, a Aomame y, por supuesto,  a Fukaeri, que me da que va a ser la Midori de este libro… quiero decir, el personaje más interesante de esta historia (como siempre con Murakami, un personaje femenino semisecundario le roba el protagonismo al principal). Ya se han ido asomando algunas de las facetas misteriosas de los personajes que después darán que hablar, así como unas pistolas y uniformes de policía que permiten atisbar un trasfondo semifantástico, irrenunciable en la literatura de este señor. Por cierto, que este fin de semana estrenan la película basada en su famoso libro Tokio Blues y, además, tiene muy buena pinta.

En cuanto a la tesis, uffff, esta semana ha sido tremenda. Obviando la desilusión que mencionaba antes, he estado inmerso de lleno en, el infinito mundo de Abaqus de Fortran y  de la madre que los parió a los dos. El lunes y el martes viví la desesperante fase en la que uno no ve ninguna luz posible, todo es complicado y, a medida que ahonda más, la complicación se eleva a la enésima potencia. El miércoles creí atisbar una pequeña luz al final del túnel y hoy, después de mucho porfiar, he dejado el asunto a punto de caramelo. Creo que mañana o, como muy tarde el lunes, terminaré de rematar la tarea que me ha traído de cabeza últimamente. (Me quejo, pero en el fondo me encantan estos momentos de reto, frustación y, finalmente, victoria. No lo puedo remediar.)

Y nada, mañana rumbo a Bilbao, el siguiente fin de semana a Córdoba y luego… ya veremos, que la cabeza no la tengo para muchos trotes.

A sangre fría

Truman Capote fue un tipo con un aspecto y una voz peculiar, pero también con un talento arrollador que le llevó a escribir una obra que asombró al mundo. Hace un par de semanas terminé A sangre fría, la obra maestra de Capote (inciso: ¡por Dios, casi escribo Trapote!) y me gustó mucho (inciso: la novela, no la Trapote). La obra gira en torno a un brutal asesinato cometido en un pueblecito de Kansas, un asesinato sin motivo aparente. Lo llevaron a cabo dos exconvictos que dispararon a bocajarro a los cuatro miembros de una familia, además de degollar al padre.

La novela está dividida en cuatro partes: en la primera describe la vida de las víctimas el día anterior al asesinato, en la segunda aborda las figuras de los asesinos, dejando para la tercera y la cuarta parte la captura y posterior  ejecución de Perry y Dick, respectivamente. Combina muy hábilmente el estilo periodístico con el desarrollo novelado y consigue de manera asombrosa recrear dos ambientes totalmente opuestos. De hecho, el propio Capote afirmaba que en la novela quería reflejar las dos Américas en las que estaba dividido el país, una de gentes amables y trabajadoras y otra de seres despiadados y llenos de violencia, y a fe que lo consigue de forma ejemplar. Además, aunque es un aspecto discutido, se considera, y así lo afirmaba el propio Capote, que la novela inauguraba un nuevo estilo literario: la novela de no ficción.

Justo al terminar el libro vi la película Capote (no, Fernando, ¡Trapote no!), que narra el proceso de gestación de la novela y cómo el autor entró con él en un proceso de autodestrucción personal que le llevó al alcoholismo. Tanto el libro como la película merecen la pena, aunque creo que en la película han querido rizar el rizo y temo que se han tomado algunas licencias para destacar aún más cómo la perspectiva de lograr una novela única nubló a Capote y le hizo caer en una falta de escrúpulos que yo no tengo tan claro que fuese tan exagerada como narra el filme. Sí me creo, sin embargo, que el autor se llegara a identificar con uno de los asesinos, Perry, convencido de que el verdadero gran error de ese muchacho fue tener la infancia tan difícil que tuvo. Esto se entrevé en la novela, que humaniza a Perry y demoniza a Dick de una forma clara.

Por cierto, Phillip Seymour Hoffman obtuvo el Oscar como mejor actor por su interpretación de Truman Capote, ahí es nada.

Las librerías de viejo

Hará cosa de un mes y medio decidí ir por primera vez en mi vida al fisioterapeuta. Llevaba años, unos diez, prometiéndome ir a que me arreglaran un poco la espalda y por fin me decidí. Opté por la solución más económica que encontré, cinco sesiones por 80 euros. No está nada mal, la verdad.

Pues bien, hoy tenía mi cuarta sesión, pero la chica apuntó mal la hora en su ordenador y me ha pasado la cita para la semana que viene. Visto el panorama, y considerando que todavía faltaba una hora para mi ensayo de teatro, decidí hacer una visita a una de las tiendas de libros usados que desde hace tres años frecuento.

Está en Fernando el Católico, entre Hilarión Eslava y Gaztambide. El dueño es un tipo que siempre tiene sintonizada Radio Nacional Clásica y hace un par de años intentó abrir una pequeña sala de exposiciones en el fondo del establecimiento. La idea era buena, pero no tuvo éxito y desisitió, hoy aquel rincón sirve de almacén para los libros que no tienen cabida en las estanterías.

Desde hace unos meses traiciono a este hombre y frecuento mucho más otra tienda de libros usados que está en Fernández de los Ríos, llegando ya a Bravo Murillo. Es mucho más pequeña pero debe de tener el doble de libros, está completamente atiborrada de ellos. Además tengo la impresión de que son más baratos; bueno, teniendo siempre en cuenta que los libros suelen costar entre 2 y 4 euros, dependiendo de la edición y del estado de conservación.

Mi amigo Jose es, probablemente, la persona de mi entorno que más lee con diferencia y, como en su casa ya no caben más libros, lleva una buena temporada frecuentando las bibliotecas públicas, de esta manera evita disminuir aún más su espacio vital y reservarlo para otros menesteres. Yo, sin embargo, a pesar de que también fui fan de las bibliotecas públicas durante un tiempo, prefiero conservar los ejemplares que leo y, desde que descubrí las librerías de viejo, éste ha dejado de ser un vicio en el que me deje mucho dinero.

Rara es la ocasión en la que salgo de una de estas librerías sin hacer gasto, y hoy lo hice con un libro de Dennis Lehane titulado Gone Baby Gone. Me llamó la atención porque es uno de los escritores favoritos de Carlos Boyero, el crítico de cine de El País, y porque la versión que encontré es la original, es decir, en inglés, idioma en el que casi nunca encuentro nada aprovechable en estas librerías. (el único que había comprado con anterioridad era El Código Da Vinci, con lo que no te digo nada…). Por cierto, me ha costado 2.95 euritos.

(Después he descubierto que Dennis Lehane es también responsable de Mystic River, entre otras cosas).

Él y Ella.

Habla en voz baja, a un volumen apenas audible, suspira y recorta el aire con un gesto veloz, dibujando una ese desgarbada entre su cara y el cristal. A su espalda se tiende Ella, con la mirada perdida en una gotera que empieza a penetrar en el techo.

-He estado pensando – dice Él en voz baja.

-¿Por qué haces esas cosas? – comenta Ella con una sonrisa de medio lado.

-No te rías- silencio -. No es que tenga muchas cosas rondando mi cabeza últimamente, pero a veces las tengo, créeme.

-Es broma, no te enfades.- rectifica Ella, y añade con voz melosa – Venga, dime, qué te preocupa.

Él gira la cabeza y observa atentamente su cara, su cabello, ese cabello imposible, esa mirada confiada e ingenua. Ha aprendido muchas cosas de esa cara y ahora cree que las conoce todas, aunque no es fácil afirmar algo así, y más con una persona como Ella, tan llena de sorpresas. Quizá es eso lo que le mantiene alerta y le atrae al mismo tiempo, esa capacidad que tiene para sorprender con lo impensable, en lo bueno y en lo malo; no lo tiene claro, no, pero debe de ser eso.

-Vamos, dime, ¿qué te preocupa?, te prometo que no me reiré.

Él entorna los ojos.

-No, no me preocupa nada.- su voz está ahora relajada.

-Eh, que era broma, no quería enfadarte, siento si lo he hecho pero de veras que puedes contarme lo que te pasa.

Él vuelve a observar esa mirada limpia e ingenua, se pierde un poco en ella (y en Ella) y entonces se da cuenta de que tenía razón.

-No, en serio. Hace un rato, mirando aquél cristal, había algo que me preocupaba, pero ahora lo que veo es bien diferente y no me preocupa nada. Ya no.

La luz del atardecer se cuela por la ventana, la lluvia ha dejado de caer y un sol anaranjado penetra por entre las rendijas de la persiana.

Él sonríe.

Ella sonríe.

(Fundido en negro)

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