El pozo de Tooru

"Which is why I'm writing this book. To think. To understand. It just happens to be the way I'm made. I have to write things down to feel I fully comprehend them."

Pasadena: primeras impresiones

Bien, llevo aquí ya tres días y aunque aún no he podido visitar en condiciones el barrio, sí tengo una primera visión de todo esto… quizá cambie con el paso de los días.

Vivo en Pasadena, en North Mentor Ave. y por aquí todo lo que hay son casas muy al estilo de las películas americanas, con su jardín frontal y su patio trasero, todas de madera y bonitas (unas más que otras, claro está). El ambiente que se respira es muy relajado, salvo Lake Ave. que es una calle muy transitada, el resto es sumamente apacible. Todo el vecindario se compone de casas unifamiliares y algunos negocios salpicados aquí y allá, salvo en Lake Ave. que está prácticamente repleto de negocios: restaurantes de comida rápida, tiendas de ultramarinos, lavanderías, tiendas de repuestos para el automóvil… Pero todos estos negocios siguen la misma idea que las casas unifamiliares: edificios de una sola planta (excepcionalmente dos) con su parking correspondiente. Y es que sí, aquí el rey es el coche, todo es muy cómodo si tienes coche: tienes donde aparcar, las avenidas son amplias y cómodas… eso sí, si eres peatón, como todo está tan disperso, te tiras un tiempo precioso haciendo cualquier recado. Afortunadamente, los dueños del estudio donde me alojo me prestan una bicicleta, que aunque es vieja y funciona regular, me está salvando de andar unos cuantos kilómetros todos los días.

En cuanto al campus universitario de Caltech, me pilla a unos 10 ó 15 minutos en bicicleta, un trayecto muy agradable por las mañanas. El campus es una maravilla, y ya está; es un verdadero paraíso para quienes trabajan o estudian aquí. Si os pica la curiosidad y echáis un vistazo al mapa, veréis que el campus está prácticamente todo él encerrado en un rectángulo entre las calles Del Mar Blvd., Wilson Ave., California Blvd. y Hill Ave., dentro de ese rectángulo la vida es paz y tranquilidad y edificios preciosos rodeados de jardines y césped. Alrededor de dicho rectángulo lo que encuentras son casas como las de mi barrio, con su jardín frontal y demás, pero de mucho más nivel, son pequeñas mansiones la mayoría. Las calles que rodean el campus están muy transitadas, pero nada demasiado exagerado.

Mi departamento, de Ingeniería Civil y Mecánica, está en el edificio Keith Spalding, que está en la esquina de las calles California Blvd. y Wilson Ave. (en el mapa viene como Spitzer Science Center, que también está en dicho edificio). Ayer tuve la primera reunión con mi supervisor aquí y estoy empezando a trabajar en una propuesta que, de salir adelante, ocupará mi tiempo durante los próximos meses.

Y no hay mucho más que contar por aquí, salvo que el tiempo es primaveral (y casi veraniego según las horas del día) y luce el sol que da gusto. Ya iré colgando alguna foto para que veáis cómo es todo esto.

caltech_logo

Último desayuno en Praga

Bueno, quizá no tanto, imagino que tendré que regresar para cerrar algunas cosas antes de marchar hacia mi nuevo destino, pero sí creo que a partir de hoy solo visitaré Praga como turista.

Estoy desayunando en el Mc Café de la terminal 2 del aeropuerto Václav Havel, nombre del primer presidente elegido democráticamente en República Checa tras la separación de Checoslovaquia. Le apodaban “el hombre bueno” y no era un político al uso, de hecho era filósofo y dramaturgo; sus obras siguen representándose en Praga con mucha frecuencia.

Dentro de dos horas vuelo hacia Munich y a las 12:30 cojo el vuelo que me llevará a Los Ángeles. Estoy nervioso, no lo voy a negar, han sido unos días muy complicados por todos los preparativos del viaje y por la dichosa mudanza (¡odio las mudanzas!) pero parece que por fin paso página.

Llegaré a Los Ángeles sobre las 15:35, hora local, pero no creo que llegue al estudio en el que me alojaré estos meses hasta las 18:00, por lo menos. Imagino que poco después echaré un buen sueño, a ver si me van desapareciendo estas ojeras y cojo fuerzas para lo que me espera a partir del lunes.

Adiós_Praga

Días de vértigo

Estas últimas semanas están siendo una verdadera locura. Dentro de poco más de tres días estaré volando hacia California, dejando atrás el frío de Praga y aterrizando en una nueva aventura que me tiene nervioso y emocionado a partes iguales.

Pero antes de todo eso, muchas vueltas he tenido que dar, ya que hasta hace solo dos semanas mi viaje no estaba aprobado oficialmente, así que no tenía nada realmente preparado, por lo tanto, el billete de avión, el alojamiento y el visado han tenido trámite exprés (y muchos nervios entre medias, ¡claro!). Y mientras tanto, cerrando asuntos de trabajo y vaciando el piso. Sí, y es que el dueño del piso nos lo alquiló sin amueblar (por no tener no tenía ni lavadora ni los apliques para las lámparas del techo) y totalmente vacío lo quiere, así que estas últimas tres semanas han sido un no parar de anunciar por internet todo lo que teníamos aquí y de recibir extraños que iban dejando desnuda la que durante casi año y medio ha sido nuestro hogar.

Ahora escribo desde un sofá que ha sido mi nido desde que se llevaron la cama hace cinco días y que se llevarán de aquí el próximo jueves; después un colchón hinchable me salvará del frío suelo durante las últimas dos noches. Es extraño ver cómo día tras día el piso va quedando vacío y el eco comienza a retumbar en las habitaciones…

Mañana me espera un día intenso porque, además de los ajetreos propios de una mudanza, a primera hora tengo cita en la embajada de Estados Unidos para una entrevista que me debería proporcionar el visado. Además he de llevar algunas cajas a la universidad y despedirme de Jan…y claro, por la tarde recibir a un par de personas que se lleven algunas de las pocas cosas que quedan ya por aquí. Creo que cuando el jueves esté todo resuelto me dedicaré a descansar y reponer fuerzas para lo que viene a partir del sábado.

Los tres meses que me esperan en California van a ser emocionantes, aunque mi corazón estará un poco dividido, dejo una parte de mí esperando en Bujalance.

Mientras tanto:

La distancia

Selecciona el nombre de ella y aprieta el botoncito verde que surge a la derecha de la pantalla. Mientras escucha cómo los tonos van marcando el paso de los segundos echa mano a su taza azul turquesa y bebe un trago de té con leche, un té negro de ésos que los ingleses usan para sustituir al café. Por fin dejan de sonar los tonos y la voz de ella se cuela por el altavoz del portátil.

– ¡Hola!, ¿cómo te lo has pasado? – poco después su cara surge en la pantalla.

– Bien – contesta él, con voz poco convencida – pero he vuelto pronto porque quería comenzar a preparar algunas cosas y los días pasan muy rápido, no vaya a ser que dentro de dos semanas no haya terminado con todo.

– Me parece muy bien…

– ¿Te pasa algo?

– Uf, que dentro de unos días vas a ser la persona que yo conozco que más lejos va a estar de mí…

Y es cierto, piensa él, dentro de unos días las cosas van a cambiar mucho. Ambos saben que es un paso importante y que esta temporada separados es por una buena causa, pero eso no alivia en estos momentos y la distancia duele cada vez más.

– Te quiero – contesta él.

Y eso también es cierto.

Los retos que vienen y los que se van

¡Pues ya estamos en enero!, y bien avanzado el mes además. Regresé de mis fantásticas vacaciones navideñas el día 4 y desde entonces las cosas han estado movidas por aquí. (Por cierto, que el mes de enero en Praga está siendo de lo más plácido en lo tocante a la climatología, no hace tanto frío como esperaba ni mucho menos y salvo un día que cayeron cuatro copos de nieve, no he tenido la suerte de conocer la Praga nevada este año.)

Esta Navidad pasé en España más de tres semanas y me sentó estupendamente. Mi tiempo allí fue largo pero además cundió una barbaridad: Madrid, Bilbao, León, Bilbao, Córdoba y vuelta a Madrid; entre medias, visitas a amigos, cenas familiares, una muela del juicio menos y muchas emociones por delante. Mi regreso a la rutina no ha resultado tan rutinario, y es que hasta el día 30 tengo que vender todos los muebles del piso, cerrar asuntos de trabajo en la universidad y preparar mi desembarco en California, con visado, billete de avión, alojamiento y seguro médico incluidos, lo que no es moco de pavo.

Pues eso, que en pocos días estaré haciendo las maletas para coger el avión que me lleve a Los Ángeles y comenzar una aventura de tres meses en lo personal y en lo intelectual.

Y mientras me encargo de tanto fleco suelto, bailo un poco con Jamiroquai.

Sonnet

La música tiene un poder evocador enorme, eso es así y ya está.

Acabo de escuchar esta maravillosa canción de The Verve y he vuelto al año 1998; un año después empezaría mi época universitaria:

Los años pasarían y yo descubriría mi pasión por otro tipo de música, pero todavía hoy cuando escucho algún himno de lo que se llamó Brit Pop en su momento, algo se me remueve por dentro.

El Brit Pop no fueron solo Oasis y Blur, aunque se ganaron su relevancia, claro está, también sonaban en la radio grandes bandas como Manic Street Preachers, The Verve, Ocean Colour Scene, Supergrass, Placebo, The Cardigans o Suede… y claro, también Radiohead.

Lo hablaba hace poco con Inma y no sé si será cosa de la edad o no, pero lo cierto es que creo que la calidad de la música actual está a años luz de lo que se hizo antes de que llegara la era de los mp3…

Es curioso…

Es curioso observar cómo han pasado quince meses desde nuestro desembarco en Praga y, a pesar de la distancia y de los meses alejados del ‘mundanal ruido’ que la crisis genera en España, todavía duele lo que ocurre en nuestro país. Casi me atrevería a decir que duele más de lo que dolía antes de emprender esta aventura checa, porque aquí he comprobado que la podredumbre que se observa en España no es una excepción, pero sí es excepcionalmente generalizada.

Duele España, duele desear con tanta fuerza vivir en tu propio país y saber que eso implicará vivir en peores condiciones y aspirar a una carrera profesional que no será valorada de la misma manera en que lo sería en (casi) cualquier otro país de Europa.

Hace daño de verdad ver que pasan los meses y apenas ves y disfrutas de la familia y los amigos. Uno se consuela diciéndose a sí mismo que es algo temporal, que es lo mejor que puede hacer estando las cosas como están, pero lo cierto es que sigue doliendo.

Y así pasan los días, y los meses y los planes de futuro siguen igual de inciertos. Aunque ahora que se aproximan las vacaciones de Navidad, aflora una generosa sonrisa pensando en los días que nos esperan en España, días en los que nos resultará fácil pedir un café en una cafetería, en los que podremos entender qué estamos comprando en el supermercado sin miedo a equivocarnos, en los que el cine y el teatro volverán a formar parte de nuestras diversiones y, claro, días en los que disfrutaremos de la compañía de nuestros seres queridos.

Pero sí, España duele, o cómo decían Pribata Idaho, ‘Spain is pain’.

La Navidad ya está (casi) aquí

Desde que terminé mis vacaciones de verano, el 18 de agosto, casi no he tenido tiempo de pararme a pensar ni en qué día vivo. Todo se está sucediendo muy rápido cuando, plas, un día te das de bruces con una realidad: la Navidad ya está aquí… o casi.

Todavía me quedan unas cuantas cosas que hacer antes de tomar mi vuelo para Madrid, pero en poco más de tres semanas estaré pisando suelo español y reuniéndome con mucha gente a la que hace tiempo que no veo y a quienes echo mucho de menos.

Por ahora he de seguir centrado en cerrar un par de artículos y examinarme del CAE, si no consigo todo esto creo que no tomaré las uvas a gusto… bueno, pensándolo bien, nunca tomo las uvas el 31 de diciembre, quizá este año cambie la tradición y me una a la tradición…

En enero tendré que librar otra batalla, que será dejar libre el piso de Kamenická 43 y ultimar preparativos para desembarcar en California… pero demos tiempo al tiempo, que tiendo a correr demasiado.

Y mientras tanto, Quique González suena en mis cascos:

Skunk Anansie

Recuerdo escuchar a Skunk Anansie en mi primer año de carrera (hace ya quince años, ¡por Dios cómo pasa el tiempo!). Aunque no era totalmente mi tipo de música en ese momento, me sentía atraído por la potencia de su música y por la maravillosa voz de su cantante.

No me preguntéis por qué, hoy me he acordado de este grupo y he descubierto que han seguido publicando discos desde entonces. Siguen con el mismo planteamiento: canciones potentes y una voz que transmite muchísima energía; ojalá sigan manteniéndolo.

En un disco publicado en 2010, titulado ‘Wonderlustre’, tienen una canción titulada ‘Talk too much’ que, aunque no es la más representativa de su música, me ha parecido una verdadera joya. De hecho, el disco entero tiene muy buena pinta.

Berlín

Hoy Inma está en Berlín, disfrutando de la ciudad junto con Mari y Manu, el jueves les tendré a todos en Praga y se unirá Encarni.

Mientras, yo hoy me he acordado de este pedazo de canción de Coque Malla.

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